miércoles 17 de agosto de 2011

Hoy soy diferente de ayer

Continuamente escribo de los cambios, de cómo cada día que pasa crecemos como personas, evolucionamos y damos pasos para crear algo nuevo de nosotros mismos. Y, aún así, ¡todavía me sorprende enormemente cómo yo misma puedo cambiar en tan poco tiempo!

Hace sólo unos meses estaba convencida de la veracidad de un hecho (ya sabéis una de esas "creencias" sobre cómo deben ser las cosas). En concreto esta forma de ver las cosas entraba totalmente en conflicto con una parte de mi. Hoy, por el contrario, me he dejado llenar por ideas y acciones que creí imposibles en el pasado. Al menos eran improbables para mi. Es la confirmación de mi propio cambio.

Esto me hace sentir muy distinta. Convirtiendo aquellos pensamientos, frenos del pasado, en la energía diaria para cambiar una rutina ya caduca en mi vida. ¿Dónde me llevará esto? Sinceramente, lo ignoro. Vivo este momento, nuevo, generoso, pleno de placeres insospechados. ¿Tengo miedos? Claro que sí, acabo de salir de la zona de confort. Estoy en pleno período de transición. Sólo se que aprenderé y cambiaré, es la única certeza que puedo tener ahora.

jueves 7 de abril de 2011

Desapego y limpieza

La pasada semana he dado por cerrado un nuevo proceso o ciclo de cambio en mi vida. Ya se, ya se, eso empieza a ser algo habitual. Esas son las consecuencias de estar inmersa en una profesión en la que el cambio es la razón de su existencia. Cuando aprendes a tomar conciencia, a darte cuenta que la zona de confort nuevamente quedó pequeña, que se hace necesario saltar fuera de ella y dejar atrás otros miedos que aparecieron por el camino, es en ese instante cuando vuelvo a respirar pausada, tranquila y con la paz en mi corazón y mi alma.

Para mi, no es casual que fuese específicamente en este momento. Simplemente porque no creo en las casualidades. Y mi limpieza gástrica (tuve una intoxicación alimentaria que ha dejado mi colon y mis intestinos preparados para empezar de nuevo) me ha permitido hacer un completo, una limpieza también a nivel emocional. He roto con algunos apegos y he cerrado situaciones que en los últimos dos meses me tenían algo frenada.

A nivel corporal poco puedo añadir, a excepción de aprovechar esta herramienta para dar las gracias a mis vecinos porque sin ellos nos hubiese sido imposible llegar a las urgencias (eramos cuatro personas en casa casi a punto de perder el conocimiento). También quiero agradecer a los servicios de urgencia del Centro de Salud de Villalba Estación que se portaron estupendamente con nosotras, así como los técnicos de la ambulancia. Y me gustaría dar un cero patatero a los servicios del 112 que mostraron una falta total de escucha y empatía ante la situación, en la que no fueron capaces de discernir de un simple cólico con una intoxicación que necesitó de 12 de horas en hospital y unas cuantas bolsas de suero en vena. Una lástima, la primera vez en mi vida que necesitamos llamarles y ese fue el resultado que obtuve. Más tarde me tocará revisar esa creencia, ya que a día de hoy si me preguntan, diré que me resultaron bastante incompetentes (al menos en la línea telefónica).

En cuanto a mis otros desapegos o limpiezas, puedo decir que se hacían absolutamente necesarios. En la línea de qué y quién soy, he aprovechado de ello un gran aprendizaje, he dado gracias por lo vivido y como se suele decir "a otra cosa mariposa". He estado viviendo parte de un proceso que dejé pendiente hace bastante tiempo y he avanzado unos pasos. Ahora, de pronto, me siento ligera y sin ataduras. A veces, algunas personas, nos apegamos a situaciones o personas. Y así, poco a poco, nos creamos esa mochila que parece nuestra y no lo es. Tengo claro que mi zona de confort se ha ampliado. También reconozco que he sentido miedo, enfado, tristeza. Sabía que era cuestión de tiempo y que, como dice Steve Jobs, al final de ese camino las cosas encajarían. Y así ha sido.

Ha sido un nuevo escalón, un peldaño en mi aprendizaje y me siento llena de vitalidad para seguir avanzando.

martes 18 de enero de 2011

Cuando se repiten las cosas

¿Sabes cuando te sucede algo y sientes en lo más dentro las mismas sensaciones que en otro momento de tu vida?



Como decía mi maestra de transpersonal, la película se repite una y otra vez hasta que de verdad aprendes a hacer algo distinto. Para eso sirve la toma de conciencia, el aprendizaje de años, para darse cuenta que la historia es similar, que las sensaciones son las mismas que la encrucijada se repite. ¿Y para qué? Para rectificar por fin, para tomar otro sendero, para obtener otras respuestas, o quizá la misma aunque vivida desde otra perspectiva.

He podido experimentar en mi vida esas repeticiones de algunas cosas, las veces que hice lo mismo y dónde me llevaron, las veces que tuve una respuesta diferente abriéndome a nuevas vivencias.

Hoy me vuelvo a encontrar con algo repetido, algo que viví hace tanto tiempo que me ha costado distinguir el mismo proceso. Casi vuelvo al redil, al camino conocido, a punto estuve de seguir mi antiguo patrón en este suceso. Me tomé un tiempo, algo que hago ahora con asiduidad: respirar, dejar pasar los días, revisar. Esto me permite abrirme, darme espacio para preguntarme para qué me sucede esto. Y reconocer que todavía me cuesta salirme de este patrón. Aún así, ¡lo he hecho!, aunque me supuso un esfuerzo.

Ahora sólo quiero centrarme, como suelo deciros, en los logros. He revisado mi pasado más cercano y ya convencida que he hecho las cosas bien distintas. ¿Y el premio? Que no se me vuelva a repetir esta situación, que las siguientes veces esto tome un giro muy distinto y me permita encontrar lo que estoy buscando en ese área de mi vida.

¡Así sea!

jueves 25 de noviembre de 2010

Celebrando la vida

Hoy hace 5 años que murió mi padre y quiero aprovechar para darle las gracias por haber sembrado la semilla de la persona que soy hoy en día. De hecho lo que me gustaría hacer es una celebración. Sí, es cierto, él se marchó de la vida terrenal, ahora bien, dejó algo (alguien) muy importante aquí, Yo.

Por eso hoy con vosotros celebro la vida, despertarme cada mañana y respirar. Volver a empezar a vivir, porque el sueño es como una simbología de una pequeña muerte. Así pues, cada día volvemos a nacer y podemos crear, otra vez, aquello que deseamos.

Me siento dichosa, porque tengo una familia que está ahí y siento presente, unas veces me gusta lo que me dicen y otras no. Poco importa eso si sé que me acompañan y aprendo de ellos. También doy gracias por la posibilidad de escuchar a mi hijo cantar mientras hace su tarea del colegio. ¡Qué bien que pueda cantar no! En mi queda la imagen que alguien que canta es que se siente feliz, por tanto esa felicidad se irradia alrededor.

Hoy, además, el sol me acompaña en la ventana al lado del escritorio, aunque daría igual que lloviese si miro mi corazón y encuentro tanta gente que quiero y con la que compartir cosas. Yo, reconozco, son muchos y de cuando en cuando me dan también las gracias por estar ahí. Y yo las acepto, y no por falta modestia, sino porque he aprendido bien que el dar y el recibir es una balanza que va y viene, me gusta cuando va y doy; me gusta cuando viene y recibo. Agradezco dedicarme a una profesión que apoya a otros a encontrar ese rayito de luz en su vida o a alcanzar eso que antes les parecía inalcanzable, ¡y encima me gusta!.

Y una cosa que quiero recordar, con diferencia al pasado año, es que las cosas llegan, cuando se está abierto a dejarlas entrar. He estado este tiempo atrás cambiando patrones (si, yo también lo hago ... era de esperar ¿no?) y abriendo mi visión del mundo al mismo tiempo que abrí mi corazón a cosas que no llegaba a comprender. Bueno, he aprendido que quizá puedo asentir a cosas que están ahí aunque todavía no tenga capacidad de comprenderlo totalmente. A darles un hueco en mi corazón. Y esa siembra también está dando frutos.

Por eso papá, tu semilla está viva, en mi, en mis hermanos, en nuestros hijos y también en las cosas que tú como nosotros hemos dejado hechas en este mundo.

¡Gracias papá!, te llevo en mi corazón.

miércoles 29 de septiembre de 2010

El tiempo y el trabajo personal ponen las cosas en su sitio



Hace muchísimo que no escribo, por mucho que me prometí hacerlo cada mes. Probablemente me dejé llevar por la euforia, porque mantener 3-4 blogs y un página web, además de otros muchos menesteres y escribiendo en otros lugares, parece que no y lleva tiempo.


No obstante, para retomar mis escritos, más espaciados aunque sin abandonarlo quiero centrarme en mis mejores hallazgos por este tiempo, bueno, quizá se centre en el mejor de ellos. Algo que ya sabía y que, como suele pasar en ocasiones, necesitaba dejar llegar.


A veces, un exceso de acción también puede ser contraproducente. Que yo como coach diga esto parece algo paradógico. Explico lo que quiero decir. Por supuesto, que la acción es necesaria, sino simplemente no habría movimiento y todo se mueve, la tierra, el sol, los planetas, nosotros, nuestro interior. Lo que pasa que a veces nos movemos para nada, como dice algún humorista: "Si hay que ir voy, ahora ir para nada es tontería". Pues eso, que las acciones bien enfocadas y sabiendo parar a tiempo, respirar y fluir. Pues ese fue mi trabajo personal del pasado verano.


Os puedo asegurar que aquellos que me conocen saben que me costó un poquito de trabajo. Y también saben que lo he logrado. Y lo más importante, los frutos recogidos. Mi vida se ha visto colmada de dones que casi había olvidado que existiesen.


Dejar que las cosas sucedan no está reñido con luchar por tus sueños. Encontrar cuanto caminar y cuando pararse a contemplar el paisaje es un simbiosis perfecta para lograr un dicha plena.


Yo probé y vivo hoy los resultados como una niña con zapatos nuevos. ¡Prueba!, de verdad que te alegrarás.

viernes 5 de febrero de 2010

Un cuento de amor y valentia.

Hace mucho que no escribo aquí, mis palabras han sido dirigidas a otros contextos. Hoy quiero compartir con vosotros un cuento que escribí hace un año para una amiga, fue mi regalo de cumpleaños.



Me gustaría que recordemos lo importante que es recordar aquellas personas que tenemos cerca y nos apoyan, también recordar que todo lo que necesitamos está dentro de nosotros, para recolectar fuera necesitamos sembrar dentro de nuestro ser.



Espero que os guste.



"María era una flor pequeña y hermosa que nació en el Jardín del Amor. Cada día iba creciendo y haciéndose más hermosa, ¡todos admiraban su belleza!

Un día, María, decidió que aquel sitio no era suficiente para ella, sentía que necesitaba más, más espacio, más mundo, más de todo y que allí no lo alcanzaría. Claro que era una flor, sujeta a aquella planta que la vio nacer. Se sintió sin futuro, atada a aquella situación por siempre jamás. Y empezó a marchitarse.

Con el tiempo, María ya no era tan hermosa, sus pétalos se arrugaron, sus antes hermosos colores se iban apagando y su vida se fue haciendo más y más triste.

Un día, sintiéndolo ya todo perdido, de repente, aparecieron dos hermosas flores muy pequeñas junto a ella, que le recordaron su pasado esplendoroso, tanto se parecían a ella que al fin les preguntó:

- ¿De dónde salisteis vosotras?
- Nosotras hemos nacido gracias a tus semillas que una ráfaga de viento cálido, enamorado de tu belleza, esparció por el jardín.

En ese precioso instante, María observó con lágrimas como aquellos retoños, nacidos de sí misma miraban al sol y relucían con un color alegre y lleno de vitalidad. Supo así, que sin salir del jardín, había encontrado ese “todo” que un día buscó, es más, aprendió que ese todo estuvo siempre junto a ella. Y se maravilló tanto de su descubrimiento que comenzó a mostrar amor a sus retoños, el amor más incondicional que se puede dar, tanto amor que éste era irradiado por sus pétalos y hoja. Poco a poco, María, está recuperando su belleza exterior, aunque ahora le importa más su interior y eso es precisamente lo que hace de ella una flor sin igual.

Y el secreto de esta metamorfosis, la energía del amor, que es el milagro maravilloso que María descubrió.

Que la energía del amor te acompañe siempre."


sábado 21 de noviembre de 2009

Conciencia de muerte para vivir plenamente

Ayer estuve viendo la película 2012. No voy a comentar aquí las imágenes espectaculares o si creo o no en el fin del mundo ni nada relacionado con la idea básica.

Lo que realmente me impactó, mejor podría decir, para mi su importancia se haya por haber reavivado mi conciencia a la hora de vivir y morir. Hasta mi hijo y su amigo, con 11 años, se dieron cuenta de ello y comentaban la importancia de disfrutar por si se acababa el mundo en algún momento. Me ha recordado un ejercicio que realizamos en clase de Psicología Transpersonal-Integral cuando trabajamos el tema de la muerte, es más, esa área en concreto fue muy motivadora en mi vida y cuna de mi vida actual.

El ejercicio en sí consistió en tomar esa conciencia de muerte en todo momento, al menos durante una semana hasta la siguiente clase. Más o menos podíamos utilizar frases como: “como se que voy a morir …” o “ya que me voy a morir …”. Lo más interesante está precisamente en los puntos suspensivos, donde cada una de nosotras, al tomar conciencia del hecho de nuestra muerte en algún momento, tomásemos una acción añadida, algo atascado o pendiente en nuestras vidas, algo que si tuviésemos la certeza de morirnos al día siguiente nos gustaría quedase resuelto. Fue en realidad dos tomas de conciencia, la de la muerte pues llegará en algún momento, y la de la vida, como una ráfaga para darnos cuenta si estábamos viviendo tal y como deseábamos. Fue una experiencia muy motivadora, y si, encontré cosas pendientes incluso con alguna de mis compañeras que resolvimos en aquella semana.

La cuestión es llevar este ejercicio a nuestra vida, siempre. Se trata de darnos cuenta de dónde estamos, si es donde queremos o no, y si las acciones que tomamos son las que queremos o no, y si las personas con las que estamos son las que queremos o no, eso si atendiendo a nuestro saber interno, a nuestro pepito grillo para recordarnos nuestros valores. ¿Os suena de algo? Es por eso, seguramente, que me hice coach, para llevar a la práctica diaria algunas cosas que había aprendido antes, y poder ayudar a las personas a que viesen, al menos un poquito, de aquella visión que yo tuve y me trajo aquí, estar en paz, tener pendiente lo menos posible, incluso con el tiempo espero que sea nada.




En realidad, la película me trajo nuevamente la conciencia de disfrutar de la vida. Se trata de estar en consonancia cada día con lo que hacemos, cómo vivimos, con quién, de saber que en este preciso instante estamos haciendo justo lo que deseamos y si mañana nos fuésemos tendríamos nuestros asuntos resueltos. Como yo ahora mismo estoy escribiendo este artículo, delante de mi ordenador un sábado por la noche y lo hago con el absoluto convencimiento de ser mi deseo de este momento, quiero hacerlo.

Esto implica más allá de lo aparente, tener la conciencia en calma, decir “te quiero” a esa o esas personas importantes en nuestra vida, aunque a veces vamos tan aprisa que lo olvidamos, o por ejemplo hablar ese tema pendiente con el vecino del 5º pues nos provoca malestar, mejor solucionarlo u olvidarlo, quizá no es algo tan importante para ocupar nuestro espacio personal. Elegir nuestro trabajo, uno agradable donde nos sintamos plenos y dichosos, motivados y satisfechos, pues lo elegimos en base a nuestros valores y deseos. La idea final es buscar la “paz interior”, cuando llegue ese momento, sea como fuere, poder respirar, asentir y marchar con nuestra alma plena, porque cada día, cada minuto, cada instante vivido fue en plenitud, en conciencia y en armonía con nuestra persona.

La verdad, transpersonal supuso para mi un antes y un después en esa toma de conciencia, y no es de extrañar que en este mes se me despierte, pues fue justamente así, en esa época se realizaron nuestros trabajos de toma de conciencia con la muerte, y en este mismo mes, hace unos años, mientras estudiaba murió mi padre, y la toma de conciencia de lo que fue y lo que no fue, supera cualquier otro tipo de experiencia que yo hubiese tenido. Tomar conciencia cuando alguien se marcha del momento presente es muy significativo y vivir la circunstancia en paz, como una despedida, dejando salir las emociones sin retenerlas y sin meterlas en la mente, a veces eran llantos y otras muchas risas, para mi fue simplemente mágico. Puedo aseguraros que no dejé nada pendiente con mi padre, resolví en ese momento y en días siguientes cualquier cosa que pudiese estar en mi cabeza, aunque en su mayoría estaba al día con mis asuntos con él. Por eso la vivencia fue renovadora para mí, tomé tanta conciencia de la muerte, hasta el punto de contratar un seguro de entierro, algo que hasta entonces no me había planteado, pues me parecía un tema un tanto escabroso, incluso oí a mi madre desde pequeña cuando venía el trabajador de la mutua a cobrar:

- ¡Vaya hombre, me molesta pues me recuerdan cada mes que me voy a morir!

Pues si, esa es la cuestión, en vez de olvidarnos y meternos en una vida que no nos gusta, estando en los lugares que no deseamos, es más liberador tomar conciencia del hecho que nuestra muerte llegará inexorablemente más tarde o más temprano. No se trata de recordarlo atendiendo al miedo, no es pensar en ello desde ese plano, es más bien todo lo contrario, ese darnos cuentas nos permitirá vivir una vida mejor, hacerlo intensamente, felices, sosegados, en paz y por elección propia cada instante de nuestras vidas, y si no prueba a hacerlo.


Hazte la pregunta y averigua cómo quieres vivir realmente.