
Hace muchísimo que no escribo, por mucho que me prometí hacerlo cada mes. Probablemente me dejé llevar por la euforia, porque mantener 3-4 blogs y un página web, además de otros muchos menesteres y escribiendo en otros lugares, parece que no y lleva tiempo.
No obstante, para retomar mis escritos, más espaciados aunque sin abandonarlo quiero centrarme en mis mejores hallazgos por este tiempo, bueno, quizá se centre en el mejor de ellos. Algo que ya sabía y que, como suele pasar en ocasiones, necesitaba dejar llegar.
A veces, un exceso de acción también puede ser contraproducente. Que yo como coach diga esto parece algo paradógico. Explico lo que quiero decir. Por supuesto, que la acción es necesaria, sino simplemente no habría movimiento y todo se mueve, la tierra, el sol, los planetas, nosotros, nuestro interior. Lo que pasa que a veces nos movemos para nada, como dice algún humorista: "Si hay que ir voy, ahora ir para nada es tontería". Pues eso, que las acciones bien enfocadas y sabiendo parar a tiempo, respirar y fluir. Pues ese fue mi trabajo personal del pasado verano.
Os puedo asegurar que aquellos que me conocen saben que me costó un poquito de trabajo. Y también saben que lo he logrado. Y lo más importante, los frutos recogidos. Mi vida se ha visto colmada de dones que casi había olvidado que existiesen.
Dejar que las cosas sucedan no está reñido con luchar por tus sueños. Encontrar cuanto caminar y cuando pararse a contemplar el paisaje es un simbiosis perfecta para lograr un dicha plena.
Yo probé y vivo hoy los resultados como una niña con zapatos nuevos. ¡Prueba!, de verdad que te alegrarás.


0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada